Rafel Bestard
Revista Butxaca, per Irene Pujadas Estudis de pintura clàssica i estètica contemporània: aquesta curiosa combinació és la fórmula de Rafel Bestard, que exposa la seva obra recent a la Galeria Contrast. D'estil completament figuratiu, la pintura de Bestard mescla la tècnica del classicisme francès amb una estètica que hipnotitzaria els més moderns. Si en la seva obra anterior ja treballava amb faules, l'artista mallorquí al·ludeix aquí a la mitologia: així, hi trobem, per exemple, una Psique amb vestit vermell vintage abandonant el cos en forma de papallona; o un Hades semblant a Van Gogh, però amb una rata en comptes d'un gira-sol i una barba completament hipster. Onírics i inquietants, als quadres de Bestard els individus apareixen en contextos naturals o els animals es colen al menjador, paper de paret inclòs. La invasió entre naturalesa i civilització (i viceversa) és un dels puntals d'uns quadres que ni deixen indiferent ni aporten tranquil·litat. Irene Pujadas publicat el 18/06/2013 Llegir-ne més...
Scope Miami "Un dels millors conjunts d'obres a Scope són les magnífiques pintures de Rafel Bestard a la Galeria Contrast de Barcelona. Solament per aquestes pintures precioses i sexis ja val la pena passar-se per Scope. Hi ha una humida sensualitat en el tractament de la materia per Bestard, juntament amb una aparença fotogràfica que enganya l'ull i, que en una observació més pausada, revela inesperades qualitats texturals que gairebé neguen aquesta impressió inicial de fotorealisme. Lérotisme de les seves obres porta també incorporada una forta dosi de perill. Són somnis humits o són malsons? Representen a "cachondes" frustrades o a psicòpates perilloses? Per Lenny Campello Llegir-ne més...
Rafel Bestard por Juanjo Oliva Gallardo Las luces y las sombras forman el tejido subcutáneo en la obra de Rafel Bestard (Palma, 1967). En este tejido pululan células que están en constante lucha por manifestarse en la epidermis, a la vista del público. Células de luz y células de sobras que se abrirán paso al exterior. El exterior dejará constancia de aquella tensión producida en silencio no pudiendo mostrar más que aquello generado en el tejido: la tensión. Una tensión entre la luz y la sombra que es una tensión entre la vida y la muerte, el daño y el bálsamo, la planicie y el abismo. En ciertos momentos, en la alternancia de la luz o de la sombra, sentimos una calma tensa, ese tipo de calma que se experimenta unos minutos antes de que se desencadene la tormenta; una vez desencadenada, percibiremos algo que va unido al daño: la lesión. La lesión es un hecho constante en la obra de Rafel Bestard pero, también, esta lesión tiene luz y tiene sombra. Existe una lesión exterior que nos viene rápidamente sugerida por la luz tenue, incitadora, una luz que nos habla de nosotros mismos, de nuestros matices, de nuestra intima conexión con todo aquello que nos define como individualidad. La lesión de luz interior, en el cambio, es una lesión que parece haber germinado en una charca antigua repleta de microorganismos, al acecho de la voluntad personal, para que ésta se disuelva en el todo complejo y difuso de las multipulsiones. Frente a estas luces y a estas sombras, el público responde que en las obras de Rafel Bestard hay un poco de cada uno de nosotros.
Al bosc I, por Naiara Herrera (UPV) Al bosc I: Esta obra muestra una niña sonriente vestida de blanco, lo cual inspira candor e inocencia. En sus manos sujeta la cabeza aún sangrante de un lobo cuya dentadura afilada queda al descubierto, subrayándose así su ferocidad. La niña mira hacia el espectador mientras camina hacia la salida de lo que parece ser un parque o un jardín. Todo ello demuestra un indicio de ficción que nos permite tomar cierta distancia y nos predispone a realizar una interpretación metafórica. En este caso se genera una alteración del orden, puesto que niña y lobo intercambian sus papeles: ya no es la fiera la que atrapa a la niña, sino al revés. De modo que la operación retórica funciona no ya mediante la expresión sino a través del contenido. A partir de la descripción realizada y de la permutación reconocida, se abren una serie de vías significantes en torno al papel que cumplen en el imaginario colectivo la figura del débil o víctima, y la del fuerte, el represor, y acerca de la posibilidad de que dichos papeles sean intercambiados. Si dirigimos la mirada a los diversos contextos que influyen en la obra, por una parte advertimos la alusión al cuento popular de Caperucita roja. Se refuerza así el sentido previamente interpretado, pero se abren nuevas vías significantes en torno al modo en el que el antagonismo entre el débil y el fuerte acostumbra a ser re-presentado en las narraciones populares, y sobre la influencia que dichas narraciones ejercen sobre las nuevas generaciones. Por otra parte, si atendemos al contexto del artista observamos que varias de las obras de Bestard tratan acerca del contraste entre la víctima (el inocente) y el represor (el poderoso), mostrando con ello que no hay bien sin mal, y viceversa. Mediante esta obra en concreto, presenta la figura del mal (el lobo) y la figura de la inocencia (la niña), expresándose así, tal y como el propio artista indica, “lo terrible de la inocencia”. De este modo la significación se abre aún más, generándose un planteamiento acerca de cómo se abre paso el mal en el bien, es decir, quién asume el castigo de los que tienen el poder, y la fuerza que este puede tener para tomar las riendas del poder. Por medio de los breves análisis recién expuestos puede comprobarse el procedimiento de las cuatro operaciones retóricas presentadas, quedando constatado que, una vez detectadas, se abre el acceso a las vías significantes latentes. A su vez, hemos podido observar que si dichas vías significantes son abordadas desde una perspectiva ampliada gracias al conocimiento del contexto, puede alcanzarse una interpretación más fructuosa.